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1º Parcial B  |  Teoría y Técnica de Grupos (Cátedra: Percia - 2021)  |  Psicología  |  UBA
Consignas clases teóricas
2) En el texto "El curso de la herida I”, Cintia Rolón (2020) señala:
"La herida ancla en una matriz colonial, patriarcal, capitalista, biologicista, antropocéntrica. Los usos cotidianos del lenguaje con estas pregnancias identitarias, propietarias, portan esta herida. Usos con los nos pronunciamos, al mismo tiempo que la lengua nos compele a decir, en nuestra paradojal existencia sensible en tanto hablantes habladxs".
Desarrolle, a partir de esta cita, la relación entre las ideas referidas y el sintagma: "cuidar la palabra, cuidar la vida". Mencione posibles implicancias que podrían tener estas ideas en la construcción de un estar clínico.
Materiales sugeridos:
- Rolón, Cintia (2021) "Clase teórica 2". (audio) 29/3
- Barthes, R. (1977) "La lección inaugural".
- Percia, M. (2021)” Esquirlas, pliegues de la peste": esquirla 11. "Esa última pregunta.
Los sujetos, desde antes de nacer somos seres hablados, hablados por nuestros padres, nuestros familiares, hablados sobre cómo vamos a ser, cómo vamos a venir al mundo, el lenguaje es constitucional de la enajenación propia a la que estamos sometidos y a como esas palabras recortan nuestro cuerpo.
Tomando el texto “¡Lean che!”, de Cintia Rolón la autora cita a Humpty Dumpty quien dice que las palabras significan ciertas normas convencionales fijas que en sí mismas no dicen nada, así podemos entender que estamos sometidos a la violencia del lenguaje que se nos presenta, se nos instala y se apropia de nuestro cuerpo y vamos armándonos con esas palabras que significan algo que es convencional. Es decir que la herida ES EL LENGUAJE que nos escinde y nos divide y a su vez lo que nos enajena.
Barthes (1977), en su texto dice: “que aquel objeto en el que se inscribe el poder desde toda la eternidad humana es el lenguaje o (…) su expresión obligada: la lengua” (“Lección inaugural”, p. 25). La lengua es el código que clasifica, rotula y por esto es opresiva: se obliga al “cómo decir”: o masculino o femenino, el sujeto va antes del verbo, reglas que nos atan a un discurso que no permite la neutralidad o la complejidad. El poder del lenguaje está en la cotidianeidad de los hablantes hablados: las opiniones, la información que escuchamos, entre los grupos de amigos, en las modas y las costumbres, en los modos de calificarnos y cualificarnos.
Barthes menciona la “gregariedad de la repetición”: la lengua está conformada por signos que solo siendo reconocidos y repetidos son tales. Cada signo encierra un estereotipo y cada vez que los usamos y los repetimos “somos amos y esclavos” de lo que decimos, creo que en este sentido pensar el fascismo del lenguaje resulta de una lógica en la que el lenguaje no permite libertad dentro de sí y no hay exterior, no se sale así como así de él. Como ejemplo de esto se me ocurre pensar en las adolescencias y la construcción de palabras y lenguajes propios, distintos al del adulto, como una forma reaccionaria ante lo que quiere someterlo y ante la necesidad de contar con otras significaciones que la lengua y su código no otorgan.
La lógica del capitalismo se traduce también en las formas del uso de las palabras, que las traemos adheridas y las usamos sin preguntarnos ni ir más allá de lo que están queriendo decir. Percia (“Esquirlas de la peste”, 2021, p. 107) cita a Althusser, para explicar que las ideas que nos piensan viven enraizadas en nuestro hábitos al hablar, en las conductas y posturas y practicar deshabituaciones del habla, cuestionamientos de las palabras puede conmover los cimientos de un sistema que solo apunta a la clasificación, el consumo, a la marginalidad del que no es funcional ni productivo, al valor en lo material donde es más importante la propiedad que la vida misma y a silenciar a todo aquello que trata de ser escuchado y visibilizado.
Siguiendo al autor en esta línea, el cita “el habitar una lengua supone habituarse a violencias y crueldades que esa lengua decide ignorar” (p.108), las crueldades como maneras instaladas en la comunidad de erradicación de lo otro terminan tomando la forma de “normalidades” y son el producto de la Inmunización que expulsa hacia los bordes aquellas vidas que no encajan o que se proclaman en contra de estos sentidos comunes, contra las lógicas identitarias, binarias, que nacen en la desigualdad, en la inequidad, que se desarrollan biológicamente pero no crecen con todo su potencial y su esplendor. Sobreviven, sumergidas y ahogadas en el silencio obligado, en la violencia, en los abusos, en la agresión.
Es aquí donde me gustaría poner en dialogo el concepto de “Inmunidad” de Esposito (“Inmunidad, Comunidad, Biopolítica”, 2011, p. 4) termino que el autor define como “forma defensiva y ofensiva de la comunidad contra todo elemento externo que la amenace”. Si bien la inmunidad es en un cierto punto necesaria para la conservación de la vida, llevada más allá de ciertos límites provoca una falta de libertad de la vida misma y de la comunidad. Creo que, tal como expresa Percia, estas inmunidades crean “insensibilidades sublimadas” que se conmueven con una telenovela pero justifican y no se conmueven por el asesinato de un niño que cometió un acto delictivo y termino asesinado (“Sensibilidades en tiempos del habla del capital”, 2020, p. 22).
Para terminar, siguiendo el recorrido de “Clínicas” (Percia, “Estancias en común”, 2017), darle lugar a la palabra por ejemplo desde el dispositivo analítico, en casos de personas calificadas de inimputables desde el ámbito jurídico legal, permite el despliegue de lo simbólico que enlaza al sujeto con su acto y lo interpela conmoviendo la subjetividad y dándole desde ese estar en común la entidad que se merece como sujeto de deseo.
La importancia de la palabra, del espacio que escucha con respeto, que no fuerza, que acompaña en el recorrido íntimo y único de cada singularidad, del sentir y del dolor subvierte las lógicas de los discursos hegemónicos que solamente intentan que las piezas encajen de forma perfecta como si la vida fuera un puzzle.

5) En la esquirla 10, "Arriba que la vida sigue" (M. Percia, 2021), se propone, a partir de una referencia a Simone Weil, cuestionar "el modelo de la fuerza" como paradigma que organiza el pensamiento en Occidente. Se propone el sintagma: una común debilidad (o nada).
Desarrolle esta idea a partir de los materiales sugeridos y ensaye una relación con las figuras de zona informulada, muertes por irrelevancia, pensadas en "El curso de la herida II" (C. Rolón, 2020

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Materiales sugeridos:
- Percia, M. (2021) Conferencia "Arriba que la vida sigue". Clase teórica 1.
- Percia, M. (2021)” Esquirlas, pliegues de la peste": esquirla 10. "Arriba que la vida sigue".
- Rolón, Cintia (2021) "Clase teórica 5". 20/4
- Rolón, Cintia (2020) "El curso de la herida II -figuras de la intemperie-.

Simone Weil (1940) explica que la fuerza es parte de un sistema de engranaje que se apodera de los sujetos, de la esencia del alma humana y convierte a esos sujetos en objetos que pierden su capacidad. El que se cree fuerte oprime al débil, lo anula y lo reduce a la categoría de desecho o despojo. Pero ambos son objetos esclavos de la fuerza. La fuerza no tiene un amo ni un propietario, solamente explica que la fuerza divide entre fuertes y débiles y les hace creer que cada uno de ellos pertenece a mundos diferentes. El que cree poseer la fuerza también cree que gozara de ese “don” de forma ilimitada, pero en realidad está sometido a ella y pronto también esa fuerza lo abandonara. La violencia aplasta todo lo que toca, tal como dice Weil creo que las vidas “débiles” que habitan las zonas informuladas tienen como porvenir la muerte.
Cintia Rolon (2020) define “La zona informulada” como esas zonas o fronteras, con limites y bordes desdibujados, donde el capitalismo arroja la residualidad, lo que no sirve, los saldos, las baratijas, que no suma a la lógica de la productividad. Las vidas que habitan allí se resisten y responden a las voces minoritarias que exigen que se las escuche.
Esto me lleva a pensar en el concepto de “necropolitica” que Percia a través de Achille Membe cita para dar cuenta de esas sensibilidades que son obligadas a vivir como excedentes en zonas controladas a merced de enfermedades, crueldades, aislados de la “comunidad” (“Esquirlas, en los pliegues de la peste”, p. 83).
Otra de las formas que toma la necropoltica podría ser como estrategia desde el discurso de la salud apelando a la lógica del código de bioética el que, en caso de falta de recursos, propone pensar en términos de Probabilidades quien es más apto o tiene más posibilidades de sobrevivir a la hora de necesitar un respirador: si un individuo (y digo individuo para dar cuenta de la mínima dimensión en la que está tomada la vida humana) de 20 años o un individuo de 80 años.
Este discurso de poder “disciplinario”, el Biopoder del que nos habla Foucault, que apela al “sentido común” pretende normalizar los modos de esta lógica cruel, disfrazándola de bienestar común. Enmarca a los otros en rangos (las muertes son números que se ubican en programas de estadísticas, los medios anuncian cantidades de personas enfermas y muertas como si fueran cosas), en clasificaciones (ser joven, ser exitoso, ser fuerte, valiente) y desecha lo que resiste, débilmente, como si ya estuviera muerto.
Las muertes por irrelevancia: Tomando el contexto actual de pandemia sabemos que el virus “actúa por contagio, no por crueldad” (p.86). La crueldad genera las condiciones desiguales, donde aquellas vidas que habitan en los márgenes, desechadas están doblemente expuestas al contagio.
La Pandemia hace visible el desborde que viene asomando desde hace muchos años, hace visible la miseria humana que muestra el egoísmo (llenarse la alacena, comprar armas en caso de que alguien toque la propiedad privada), y finalmente se desborda en las sociedades que no estaban preparadas para afrontarla, se desborda en el colapso de los sistemas de salud, hasta en las medicinas privadas que aseguraban una atención individual y ahora piden espacios estatales para atender a sus clientes, se desborda la compra de suministros, se desbordan las situaciones de violencia familiar, de género, los abusos. Las familias no pueden afrontar los recursos económicos que demanda la virtualidad educativa. Y es aquí donde pienso a las muertes por irrelevancia, las muertes que suceden porque no le importa al sistema salvar esas vidas, no son funcionales, no son productivas, son un número más de casos de muertes que quizás, si la historia fuera otra, podrían haberse evitado. Como pedirle que se quede en casa a quien no tiene que comer si no sale de ella, como pedirle hábitos de higiene a quienes viven en la calle. Como cuidar a quienes están como residentes en cárceles, hospitales si no hay recursos materiales ni humanos con los que cuidar.
La civilización cree que la fuerza lo salva de aquello que lo amenaza, pero Percia, en su texto esquirlas sostiene tal como S. Weil que la fuerza corrompe (p. 85). Se plantea entonces el sintagma una “común debilidad” como la suma de potencias que salvan. La común debilidad, que se aloja en la zona informulada, donde se exceptúa a la fuerza que aplasta al alma humana, y no pretende vencerla, pretende que la fragilidad sea otra forma de habitar lo vivo, de vivir una vida vivible, hacer resistencia sobre lo que se impone, de permitir practicas de sensibilidad, es una forma de interpelar sobre lo que hay, sobre lo que falta y lo que sobra.
Consigna de trabajos prácticos:
Analizar el poema Reivindico mi derecho a ser un monstruo (https://youtu.be/udup-LFqnXI) por Susy Shock haciendo uso de los textos trabajados en el espacio de prácticos.
¿Qué ideas se ven interpeladas por la poética? ¿Cómo se puede pensar el “derecho a ser un monstruo” aquí enunciado con los textos trabajados?
Se deberán elegir al menos dos autores trabajados y articular las ideas compartidas con el disparador propuesto.
El texto deberá mantener las pautas de escritura de la consigna de teóricos y tendrá una carilla como extensión mínima y una carilla y media como extensión máxima.
Autores trabajados:
Percia, Foucault, Espósito, Barthes, Rolón, Weis, Lugones, Ludmer.
Josefina Ludmer (1984) se manifiesta a través del discurso tal como Sor Juana quien explica que el recurso literario es una forma de practicar la resistencia frente al poder (“Las tretas del débil”, p.49). Sor Juana cuenta como el universo femenino ha sido silenciado, obligado al silencio, a la subordinación, a ubicarse en el lugar de subalterno de los que hacen uso del poder desde la obediencia y también desde el temor.
Por otro lado, hay una frase que me gustaría incluir para darle más profundidad al tema del discurso que ha sido sofocado: “Lenguas trabadas por imperativos domesticadores, los mismos que recaen sobre lenguas travas y otras disidencias” (Percia, “Cuidar la vida salvar lalengua”, 2020). Domesticar lo otro, lo que hace vibrar las estructuras, que amenaza al poder, que reta a la fuerza a saberse también débil y obsoleta frente a la potencia de lo vivo que resiste y que insiste en hacerse oír, hacerse ver.
Creo que lo que Susy Shock nos regala es esta concepción de monstruo, pero no como el monstruo que estamos acostumbrados a nombrar, si no desde la idea del sujeto libre que no tiene porque reconocerse en ninguna categoría, que no tiene que encajar en clasificaciones, rótulos, ella no es ni una conjunción de formulas químicas, ni es una categoría de pares cromosómicos. El monstruo que no pertenece ni quiere hacerlo, al mundo de lo normal, de la legalidad, donde todo está tipificado: si sos esto, no sos esto otro. No quiere ser un ser domesticado por el poder del lenguaje impuesto por la colonialidad. Es el monstruo de su deseo, la dueña de su sentir y de la arcilla que practica y moldea con su cuerpo y con su alma.
También creo que al usar la palabra “Monstruo” nos acerca a pensar en cómo las civilizaciones han tratado a los monstruos. Fueron obligados a vivir en cuevas, cavernas oscuras, silenciosas y solitarias, acompañados quizás por alguna otra aberración de la naturaleza, aislados. Lugones, en la entrevista: “La potencia de quedarse sin palabras” (2016) explica que la lógica impermeable de la colonialidad es la pureza de la raza blanca y hace la distinción entre un “mongrel” (mestizo y ser despreciable) y un monstruo, en tanto capacidad de atemorizar: “Seres que por algún motivo son desechables ya que, desde el punto de vista de la pureza son patológicos, no vendidos al sistema, que no quieren ser normalizados o aceptados (…)”. Qué paradoja pensar en esto, si a cada uno de nosotros también nos habitan monstruos, fantasmas, demonios.
Acaso como dice Susy, en el Honorable Consejo de lo normal ¿no se cometen atrocidades legales dignas de un monstruo salido del mejor libro de terror que se haya escrito? ¿En el Vaticano no se han lavado la sangre de inocentes de las manos? Eso es una monstruosidad, eso da verdadero miedo.
Ambas autoras convergen conceptualmente en el concepto de monstruo como dueño de su cuerpo, de su deseo, de su despliegue bestial, en la capacidad de adoptar distintas formas, en la metamorfosis de los cambios y en la potencia que cargan como peligroso y amenazante de lo instituido. Estas vidas que exigen el derecho a estar más allá de lo normal nos convocan también a habitar ese pequeño espacio llamado intersticio donde se puede comprender y acompañar la urgencia de los cambios.






Bibliografía:
Barthes, R. (1977) "Lección Inaugural" En El placer del texto y lección inaugural de la cátedra de Semiología Literaria del College de France. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2008.
Deleuze, G: “Posdata sobre las sociedades de control”, en Christian Ferrer (Comp.) El lenguaje literario, Tº 2, Ed. Nordan, Montevideo, 1991.
Esposito, R: “Inmunidad, Comunidad, Biopolitica”, Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. 2011.
Foucault, M: “Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber”, Capitulo 5: Derecho de muerte y poder sobre la vida - Siglo 21 editores. 1976.
Ludmer, J “Tretas del débil”. En La sartén por el mango. Encuentro de escritoras latinoamericanas. Puerto Rico: Ediciones Huracán, 1984.
Lugones, M. “La potencia de quedarse sin palabras”. Entrevista a María Lugones, por Andrea Lacombe. Suplemento Página 12, 2016. Recuperado en: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10611-2016-05-27.html
Percia, M. “Estancias en común”. Selección. Buenos Aires: La Cebra, 2017
Percia, M. "Cuidar la vida: salvar la lengua". Adynata, Buenos Aires, 2020 recuperado de:
https://www.revistaadynata.com/cuidar-la-vida-salvar-la-lengua
Percia, M. “Esquirlas, en los pliegues de la peste”. Buenos Aires: La Cebra, 2021.
Percia, M. “Sensibilidades en tiempos de hablas del capital” – 1a ed. – Adrogué: Ediciones La Cebra, 2020.
Rolón, C., "El curso de la herida". Entrega uno (confianzas). Buenos Aires: 2020 (unp).
Rolón, C., "Lean Che! Intervención crítica sobre leguaje y poder en Roland Barthes", Buenos Aires, 2014. (unp)
Rolón, C. “El curso de la herida”. Entrega dos (figuras de la intemperie). Buenos Aires: 2020. (unp)
Weil, S. (1940) “La Ilíada o el poema de la fuerza”. En La Fuente griega. Madrid: Editorial Trotta, 2005.


 

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