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Resumen de "La Gran Depresión de los Años 30"  |  Historia Económica Social y General (2017)  |  UBA XXI

CAPITULO 11

LA GRAN DEPRESIÓN DE LOS AÑOS '30

En 1928 cuando se creía que en Estados Unidos que sería el más largo período de prosperidad, se produjo el crack de la Bolsa de Nueva York, manifestación visible de una depresión que se extendería por todo el mundo capitalista. La crisis se caracterizó por la caída de la producción y del comercio exterior, y en el enorme incremento de la desocupación, pero también por su extensión en el tiempo, ya que la actividad económica no se recuperó hasta 1937, momento en que aparecieron de nuevo síntomas de depresión.

Frente a los difíciles problemas planteados, se produjo un avance significativo del Estado en las cuestiones económicas (desde el New Deal con Roosevelt en Estados Unidos hasta la economía nazi), cuya justificación teórica fue desarrollada en 1936 por Keynes en la Teoría General, que cuestionó la economía liberal.

El despliegue de la crisis con todas sus consecuencias fue acompañado por una serie de acontecimientos políticos.

De modo simultáneo se concretaba la acelerada industrialización soviética, dirigida con extrema dureza por Stalin.

11.1 LOS INDICADORES DE LA CRISIS.

Frente a la crisis, las economías nacionales cerraron sus fronteras para tratar de resolver sus problemas de manera individual.

11.2 EL DESARROLLO DE LA CRISIS.

El desarrollo de la vida económica estaba experimentando dificultades como consecuencias de los problemas no resueltos de la posguerra.

11.2.1 Las dificultades económicas a fines de la década de 1920.

Los años comprendidos entre 1925 y 1929 han sido vistos de manera retrospectiva como un período de prosperidad. No obstante persistían problemas muy serios.

EL FRENO DE LA ACTIVIDAD PRODUCTIVA

Diferentes factores contribuyeron a sostener que la situación global de la economía norteamericana a principios de 1929 hacía prever la llegada de una recesión más o menos significativa, debida a una disminución en la inversión, afectada por la caída en la demanda de bienes de consumo duraderos y por la contracción experimentada por la construcción.

Asimismo, en todos los países importantes, con la excepción de Francia, los indicadores muestran una caída de la actividad, afectada por una demanda en declinación, stocks abundantes y crédito caro.

LOS PROBLEMAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL

A lo largo de la década, el crecimiento del comercio internacional fue por detrás del ritmo de expansión de la producción.

Las materias primas experimentaron una caída en sus precios.

La explicación de esta nueva realidad se vincula con varios factores. (no los puse no entendí)

Más importante aún era la vigencia de un proteccionismo creciente, que afectó tanto a las manufacturas como a los alimentos. Para el caso de los bienes primarios, el comercio bajó su nivel porque disminuyó el ritmo de crecimiento de la población, afectado por la guerra. Al haber menos población se consumieron menos alimentos.

Se afirma que la caída de los precios se relaciona, además de la demanda, con la introducción de innovaciones que redujeron los costos de las materias primas.

En tercer lugar, es preciso referirse a la declinación de relativa de las industrias tradicionales. Se generó una superproducción relativa que contribuyó a la declinación de los precios.

LAS DIFICULTADES DEL SISTEMA FINANCIERO

La irrupción de Nueva York como centro de las finanzas tuvo consecuencias de peso para el funcionamiento del sistema tras la restauración del patrón oro. En particular, supuso la descentralización de la función internacional de compensación. Mientras que antes de la guerra todas las transacciones se concentraban en Londres, el sistema estructurado tras el conflicto condujo al surgimiento de otros dos centros, Nueva York y París. La nueva situación hizo de la compensación internacional un proceso más complejo y menos eficiente, ya que debían negociarse acuerdos para equilibrar las demandas entre ellos mismos. La existencia de tres polos implicaba que los fondos internacionales podían moverse de uno a toro respondiendo a diferenciales en las tasas de interés, a problemas que se produjeran en alguna de las monedas, o simplemente a cuestiones de confianza.

El trabajoso restablecimiento del sistema de patrón oro no condujo a una normalización del sistema financiero internacional, fundamentalmente porque los gobiernos de los principales países no estuvieron dispuestos a sacrificar el funcionamiento de sus economías para cumplir las normas que se requerían para que el sistema operase como antes de la guerra.

El problema principal residía en que los bancos centrales no emitían una cantidad equivalente de la moneda nacional, impidiendo que se realizara el ajuste automático característico del patrón oro. Así Estados Unidos evitaba el aumento de los precios.

Por otra parte, la insistencia del gobierno de los Estados Unidos en cobrar las deudas contraídas por sus aliados durante la guerra de 1914-1918 hizo más difícil la situación de Alemania, obligada a pagar reparaciones con las que Francia y Gran Bretaña saldaban sus cuentas.

11.2.2 El crac de la Bolsa de Nueva York y la crisis en los Estados Unidos.

A partir de 1927, los precios de las acciones en el mercado bursátil estadounidense experimentaron un alza que para la época fue considerado espectacular desencadenando un proceso especulativo que además se benefició de la posibilidad de acceder a créditos baratos. Además, la especulación requiere de confianza y optimismo.

Explicación del cuaderno: Las empresas colocan las acciones en la bolsa, esas acciones van adquiriendo valor de acuerdo a la demanda. Se arma una burbuja especulativa ya que los precios subieron porque había mucha demanda ("apuestan a que las acciones van a subir o bajar"). Los beneficiaros son los agentes de bolsas y vinculados. Las autoridades tratan de poner un freno a la especulación.

La principal medida para frenar la especulación fue subir la tasa de redescuento que contribuía a disminuir la corriente de créditos hacia el exterior, y además atraía capitales especulativos hacia los Estados Unidos. Esta política tuvo consecuencias negativas para buena parte de la economía mundial: el flujo de capital norteamericano hacia el exterior cayó, y capitales extranjeros fluyeron hacia el mercado financiero estadounidense.

La irrupción de los préstamos afectó a muchos países en Europa Central y Oriental y en América Latina, los cuales, por distintas razones, se habían endeudado de manera creciente y dependían de continuas importaciones de capital para mantener su equilibrio exterior. La irrupción de los préstamos al exterior condujo a que los gobernantes de los países deudores tomaran decisiones dolorosas en realción con la política económica interior. A la puesta en marcha de procesos de ajuste destinados a obtener recursos con los cuales enfrentar las obligaciones exteriores se agregó la disminución general de las importaciones, con el consiguiente impacto sobre el comercio mundial.

Paralelamente se produjo el retroceso de la actividad económica en los Estados Unidos.

A la reducción de los préstamos al extranjero se agregó una caída de las importaciones, produjo un derrumbamiento en los precios internacionales de mercaderías que, en muchos casos ya estaban declinando.

Fue en el curso de este proceso que se desencadenó el llamado crack de la Bolsa de Nueva York, en octubre de 1929, considerado por muchos el punto de partida de la crisis mundial.

En Octubre explota la burbuja especulativa: se produjo la caída de los precios de las acciones, que desencadenó una crisis de confianza definida como "pánico de liquidez" (todos quieren sacar la plata). Así como los inversores se retiraron de la Bolsa, la decisión de reducir los gastos se extendió a todos los sectores, afectando a los niveles de producción y a los precios. La disminución de los precios, a su vez, implicó desocupación, quiebras y mayores restricciones del consumo.

Por lo tanto, el elemento principal en la transmisión de los efectos de la crisis bursátil a la economía real en los Estados Unidos fue el descenso del consumo, que deprimió las expectativas de inversión a partir de la caída de los precios.

La mayor parte de las autoridades económicas estaban convencidas de que la mejor manera de salir de los problemas era aplicando políticas restrictivas en el terreno monetario, por lo que la subida de las tasas de interés para evitar las salidas de capital y la decisión adoptada en 1932 de aumentar los impuestos contribuyeron a agravar la situación.

El sistema bancario norteamericano fueron el factor de mayor influencia sobre la depresión ya que en 1930 las quiebras de bancos se transformaron en uno de los rasgos de la vida norteamericana. La situación se tornó tan grave que a principios de 1933, cuando Roosevelt asumió como presidente en marzo, casi la mitad de los bancos habían cerrado por disposición legal, y de los que permanecían abiertos no tenían dinero.

En relación con lo que ocurría en el resto del mundo, a la disminución de los préstamos exteriores y a la posterior exigencia de pago de las deudas contraídas se sumó la promulgación en junio de 1930 del arancel Smoot-Hawley. Esta ley, que elevaba las tarifas proteccionistas de los Estados Unidos a niveles nunca alcanzado antes, fue un elemento de importancia que no sólo contribuyó a la disminución del comercio internacional estableciendo un freno adicional a las importaciones, sino que tuvo como consecuencia la aplicación de represalias por parte de algunos de los países afectados, circunstancia que produjo un impacto depresivo adicional sobre el nivel de los intercambios.

11.2.3 La difusión de la crisis hacia Europa

A principios de 1931, los países más afectados por la depresión eran los exportadores de materias primas, hasta el punto que algunos de ellos abandonaron el patrón oro.

Los pronósticos favorables desaparecieron al estallido del pánico financiero internacional que se inició con la quiebra del Credit Anstalt, banco prestigioso de Austria. A este acontecimiento se siguó una fuga de capitales en Alemania, Gran Bretaña y finalmente Estados Unidos, que terminó con el patrón oro.

Presionados por la salida de roo, los gobiernos de Alemania y Gran Bretaña adoptaron decisiones divergentes para frenar este drenaje de reservas. En Alemania, el gobierno optó por una subida de las tasas de interés, con la consecuancia de una profundización en la caída de la actividad económica y un incremento de la desocupación. La devaluación del marco, la otra alternativa posible, fue descartada por temor al retorno de la inflación. Ante la continuidad de los problemas, en diciembre de 1931 se procedió, por medio de un decreto de emergencia, a reducir los salarios y los precios de las industrias cartelizadas. La desocupación llegó a superar el 20%, desencadonandose una situación de conflictividad social y política que abrió el camino a una alternativa de excepción. Fue en este clima que Hitler vio facilitado el camino electoral que lo llevó a la jefatura de gobierno.

En Gran Bretaña, por su parte, el problema de la libre esterlina sobrevaluada condujo en primer término a la caída del gobierno laborista, reemplazado por un gobierno de coalición, que optó por una decisión transcendental: abandonó el patrón oro dejando flotar la libre esterlina. Se produjo de manera inmediata una depreciación de la moneda inglesa.

La decisión británica fue acompañada por el abandono del patrón oro por parte de países que no querían verse descolocados en su posición comercial.

En resumen: en poco tiempo se produjo la desorganización y la destrucción parcial de la maquinaria que movía la economía internacional, los distintos gobiernos procedieron a buscar una salida individual a la crisis, al desaparecer totalmente la cooperación financiera.

11.2.4 La depresión en el resto del mundo

Con la importante excepción de la URSS, la crisis se extendió por todo el mundo.

Para América Latina, Asia y Oceanía la situación fue muy grave.

El resultado para la mayor parte de los países periféricos fue la pérdida de reservas y la depreciación del tipo de cambio. Algunos países optaron por salir del patrón oro.

Las políticas económicas adoptadas por los países extraeuropeos frente a la crisis pueden dividirse en pasivas y activas. La pasividad, esto es, el mantenimiento de la ortodoxia monetaria y cambiaria ligada a alguno de los países centrales, fue un rasgo característico de países pequeños o con un grado de dependencia muy marcado. Por el contrario, las políticas económicas activas se vinculan con la actuación sobre el tipo de cambio, los controles sobre las importaciones, la intervención del Estado en los mercados de los productos en problemas, las medidas de impulso a la industrialización sustitutiva, etc.

La evaluación de las políticas económicas activas implementadas en la periferia es generalmente positiva. Las alternativas sustitutivas se extendieron también al sector rural, y también al sector terciario, donde se verificó un avance de las empresas de capital nacional.

De cualquier manera, los resultados globales del mundo periférico en los años 30 fueron modestos con un crecimiento en los ingresos por habitante.

11.2.5 Las nuevas prácticas financieras y comerciales.

El comercio se vio sujeto a un incremento de las restricciones a la entrada de mercaderías, en tanto cada nación volvía los ojos hacia sus propios recursos y perseguía por encima de todo, la recuperación económica interna.

Por lo tanto, los controles se manifestaron de dos formas principales: los dirigidos a actuar sobre los pagos entre los países (incluía los controles de cambios y los variados acuerdos de clearing y de otros tipos asociados a ellos), y los que afectaban en primera instancia a los movimientos de mercaderías de un país a otro (conformado por aranceles, contingentes, prohibiciones y medidas similares)

CONTROL DE CAMBIOS

Se refiere de manera concreta a las diferentes formas de restricciones oficiales sobre las transacciones privadas de divisas extranjeras. En aquellos países en que tales restricciones se introdujeron durante este período, los gobiernos asumieron el control del cambio exterior, exigiendo de los exportadores las divisas recibidas en pago de sus ventas y entregándolas a los importadores como pago de sus compras, verificándose ambas operaciones a un precio fijado de modo arbitrario por el gobierno.

Por una parte, el aislamiento que proporcionaba el control de cambios favorecía las posibilidades de introducir políticas domésticas expansionistas. Asimismo, podía contribuir a la protección de las industrias nacionales prohibieron o limitando la entrada de determinadas mercaderías. Finalmente, el control de cambios se utilizaba para conseguir ingresos fiscales: la implementación de tipos de cambio más elevado para la venta que de la compra de divisas extranjeras llevaba consigo la apropiación de la diferencia por parte del Estado.

ACUERDOS BILATERALES

Los acuerdos bilaterales apuntaban a la búsqueda de un equilibrio entre las cuentas mutuas de dos países que querían mantener alto el volumen de comercio sin movilizar oro ni divisas fuertes. Existían tres modalidades principales: !)acuerdos de compensación; 2)operaciones de clearing; 3) acuerdos de pagos.

Los acuerdos de compensación: constituían una forma moderna del principio de trueque. Por lo tanto, no era necesario ningún tipo de movimiento monetario.

Las operaciones de clearing: constituían un procedimiento más amplio y flexible para los equilibrios comerciales entre dos países. Constituían en la apertura de una cuenta en cada país, a través de las cuales realizarían todos los pagos por importación y exportación entre ambos. Se utilizaba no solamente para cubrir los pagos derivados del comercio, sino también para otro tipo de pagos, como transferencias de intereses y dividendos, servicios de fletes, etc.

Los acuerdos de pago: cubrían una gama mayor de transacciones y se establecían, en general, entre países con tipo de cambio fijo y países con controles de cambio. La razón principal de su existencia residía en la necesidad de resolver los problemas de deudas congeladas e intereses impagos en estos últimos países.

ARANCELES Y OTRAS RESTRICCIONES AL COMERCIO

Las tarifas fueron el mayor obstáculo para el intercambio internacional de bienes durante este período.

Otra manifestación de las políticas comerciales durante la crisis consistió en la ampliación de los contingentes y la introducción de diferentes formas de control sobre las importaciones. Se utilizó para proteger las manufacturas domésticas y en mayor medida los productos agrícolas de la competencia exterior que se produjo como consecuencia de la caída internacional de los precios. Además, la adopción de restricciones cuantitativas resultó de relevancia para los países que se mantuvieron dentro del patrón oro. Al no utilizar los controles de cambios, intentaron afrontar sus problemas de balanza comercial imponiendo controles a las importaciones para tratar de mantener cierto equilibrio de la misma.

INTENTOS DE COOPERACION INTERNACIONAL

El colapso en el que se encontraba la economía en 1932 fue extendiendo la idea de que era necesaria la colaboración internacional para combatir la crisis comercial y financiera y para buscar los mecanismo que permitieran iniciar el proceso de recuperación económica.

La imposibilidad de alcanzar acuerdos a nivel internacional condujo a muchos países a impulsar alternativas de cooperación a nivel regional.

Pero el pacto de cooperación más importante fue el establecido por los países de la Comunidad Británica de Naciones (commonwealth) en la conferencia de Ottawa, celebrada en 1932. Allí se acordó la creación de un sistema de preferencias mutuas para las importaciones provenientes de los miembros de la Comunidad. Esta situación empeoró las posibilidades competitivas de la industria británica en el mercado internacional.

11.3 LAS POLÍTICAS NACIONALES FRENTE A LA CRISIS.

"Sálvese quien pueda" parece haber sido la consigna de los gobiernos frente a la depresión. La magnitud de los niveles de desocupación, la importancia de la caída de la producción y de los rpecios, y las profundas fisuras que se manifestaron en el sistema financiero, persuadieron a las autoridades de todos los países con respecto a que "había que hacer algo".

Las restricciones a la circulación de bienes y de capitales fueron una consecuencia directa de esa voluntad intervencionista.

Lo realizado por los gobiernos de los principales países afectados.


11.3.1 Estados Unidos.

Cuando Roosevelt asumió en 1933, la situación era gravísima, con una desocupación que alcanzaba el 25% de la población económicamente activa y un sistema bancario que se había desmoronado en los últimos meses. Se aprobaron una serie de leyes que constituyeron el "New Deal". Tenían como hilo conductor el intervencionismo estatal. Éste se manifestaba de diferentes maneras: en el ámbito social, por medio de la asistencia a los desocupados; en el terreno económico, a través del establecimiento de precios remunerativos para los agricultores; en el mundo financiero, en la imposición de seguros para los depósitos bancarios y en la posterior revisión a fondo del sistema, que tanto daño había causado.

La aprobación de estas leyes fue acompañada por la creación de una serie de organismos encargados de ejecutar las nuevas políticas. Los más importantes fueron: la FERA, destinada a atribuir la ayuda a los estados y municipios; la AAA, encargada de coordinar las políticas agrarias; la PWA, responsable de los programas de construcción de carreteras y de obras públicas; la NRA, creada para regular los precios, los salarios y las condiciones de competencia en la industria y el comercio. En particular, la puesta en marcha de un plan de obras públicas permitió movilizar la demanda al tiempo que se absorbía mano de obra desocupada.

La consecuencia lógica de esta política intervencionista fue un incremento del déficit presupuestario.

En relación con la política cambiaria, a poco de asumir Roosevelt suspendió la convertibilidad, desarrollando desde ese momento una estrategia de devaluación del dólar a través de la compra de oro por parte del gobierno a precios cada vez más altos, que se prolongó hasta 1934, momento en que se produjo finalmente la estabilización a un tipo de cambio. El objetivo era producir un aumento de los precios internos que contribuyera a sacar a la economía norteamericana de la depresión, pero al operar de esa manera bloqueó toda posibilidad de estabilizar el sistema monetario internacional.

El New Deal no alcanzó un éxito total: la desocupación se mantuvo en niveles elevados durante toda la década y la inversión privada no se recuperó de manera decisiva hasta que comenzó el rearme, pero existe un consenso muy amplio respecto de que sin él la depresión habría sido aún peor.

11.3.2 Gran Bretaña.

La política económica británica en los años 30 estuvo marcada por la trascendente decisión de abandonar el patrón oro en septiembre de 1931. La nueva política se sustentó en el crédito barato y en el proteccionismo, y fue impulsada por un gobierno "nacional" pero con una mayoritaria presencia conservadora. Las posibilidades de acceso a préstamos a bajo costo fue uno de los factores que en mayor medida contribuyó a impulsar el mercado de la construcción (sector más dinámico de la década).

En cuanto al establecimiento de una política arancelaria, el accionar gubernamental dio por finalizado un período de casi noventa años de comercio libre, con la importante consecuencia de colocar al mercado interno como motor del crecimiento. Este nuevo rasgo se vinculaba con la progresiva pérdida de competitividad de los productos ingleses, pero también con el descubrimiento de las posibilidades de expansión del consumo de masas.

Lo cierto es que la economía británica experimentó una recuperación más pronunciada y sostenida que la de los principales países industriales.

Nos obstante, hubo dos significativos aspectos negativos:

1) El desempleo se mantuvo a niveles altos;

2) La industria creció pero no se reconvirtió, y la política del Estado de defender a las empresas existentes condujo a potenciar un proceso de concentración que hacia fines de la década involucraba a los principales sectores industriales. Esta concentración, lejos de contribuir a la mejora de la competitividad, fue restrictiva y proteccionista. Como bien ha afirmado Hobsbawm, "Gran Bretaña se convirtió, tanto para el interior como para el extranjero, en un país no competitivo".

11.3.3 Francia.

La economía francesa que tuvo buen comportamiento en la posguerra, se vio enfrentada a la crisis cuando a partir de 1931 se concretó el masivo abandono del patrón oro por muchos países.

El problema para el gobierno francés se presentó cuando debió enfrentarse a la disyuntiva de mantenerse en el patrón oro, o devaluar. La decisión de permanecer vinculados al patrón oro, originada en el temor a las consecuencias inflacionarias que podía acarrear el abandono del sistema, impuso una línea de acción cuyo eje principal fue la deflación. Hasta 1936, entonces, los sucesivos gobiernos franceses promovieron la deflación de gastos gubernamentales, una baja de los salarios y el mantenimiento de elevadas tasas de interés. La caída de precios fue significativa y trajo aparejada una serie de consecuencias negativas (tensión social, caída de las inversiones) sin ningún resultado importante.

El descontento generalizado contribuyó al triunfo izquierdista Frente Popular en las elecciones de junio de 1936, y el nuevo gobierno, produjo un viraje de significación. Tenían al New Deal como modelo más visible e influyente: moderado plan de obras públicas, regulación de los precios agrícolas por medio de un monopolio estatal, aumento de los salarios nominales, introducción de las cuarenta horas semanales, vacaciones pagas.

Las consecuencias inmediatas de estas medidas fueron negativas: el traslado inmediato de los incrementos salariales a los precios relanzó la inflación, reapareciendo rápidamente la agitación social. A su vez, la salida de capitales terminó por hacer inevitable la devaluación del franco.

Se sostiene que la aplicación de una política adecuada en el momento justo (la salida del patrón oro en 1931, cuando Gran Bretaña dejó flotar la libra esterlina) habría liberado a Francia de las consecuencias más negativas de la depresión.

11.3.4 Alemania.

La política económica implementada por el gobierno entre principios de 1930 y mediados de 1932 apostó por la deflación como medio para encarar la recuperación, decisión que tuvo profundas repercusiones sobre la situación del país.

La reducción del aporte norteamericano a aprtir de 1928 y sobre todo 1929, tuvo efectos directos sobre el conjunto de la economía. El gobierno rechazó la implementación de políticas activas destinadas a impulsar la demanda. Los resultados fueron gran desocupación en 1932 y la caída del PBI. El sistema bancario colapsó a mediados de 1931.

Uno de los pocos acontecimientos positivos fue que en junio fueron cancelados los pagos que debía realizar Alemania en concepto de reparaciones.

Mientras tanto, en el medio de la crisis emergió la figura de Hitler.

La política nazi estuvo caracterizada por el grado de intervención del Estado. No obstante, hay que enfatizar los objetivos finales, los cuales apuntaban hacia el control autoritario de la sociedad, los planes bélicos y la cuestión racial. Por lo tanto, el sistema económico nazi fue una parte del sistema político de dominación nazi.

La recuperación económica comenzó en 1933 gracias al poder nazi. Ésta se basó, en una primera etapa, en la implementación por parte del Estado de medidas destinadas a la creación de empleo y en una serie de disposiciones fiscales que intentaban ganarse el apoyo de los sectores empresariales. El resultado de las mismas fue una modificación de las expectativas que impulsó la actividad privada, al tiempo que el gasto público se expandía como consecuencia del plan de obras públicas puesto en ejecución. La construcción y el transporte fueron los sectores más beneficiados por la inversión. La puesta en marcha de una segunda etapa se puso en ejecución en 1936 un plan cuatrienal.

La concreción de esta segunda etapa implicó un salto enorme en los niveles de gasto público, acompañado por un incremento en la planificación económica que se manifestó en el comercio exterior y los cambios, en mercado de capitales, y en el control de precios y salarios. El mismo fue financiado por el incremento de la presión fiscal, y en menos medida, por el endeudamiento. A consecuencia se disminuyó el papel de la economía de mercado a causa de las regulaciones de todo tipo impuestas desde el poder. De cualquier manera, el sector privado de la economía continuó con su proceso de modernización, por medio de la introducción de nuevas tecnologías y de nuevos métodos de organización empresarial. Pero el aspecto más destacable fue el de la concentración en las distintas áreas de la economía facilitado desde el Estado.

La expansión fue impulsada por la industria pesada.

En el escenario caracterizado por el crecimiento, sin embargo, los salarios reales mostraron una leve tendencia a la disminución, compensada por una rápida caída de la desocupación.

A pesar de la realidad del intervencionismo estatal, el capitalismo alemán sobrevivió a la experiencia del nazismo. Las empresas continuaron con su modernización y mantuvieron su posición dominante, dado que el control ejercido por los nazis no implicó una transformación estructural, como se estaba dando en la Unión Soviética.

11.4 KEYNES Y LA TEORIA GENERAL.

La caída de la producción y la prolongación en el tiempo de altas tasas de desocupación pusieron en entredicho la validez de las concepciones neoclásicas. Éstas destacaban que los desajustes ocasionados por las variaciones de la actividad económica serían superados a partir del libre funcionamiento de las fuerzas del mercado.

Tuvieron mayor audiencia posturas heterodoxas que recomendaban una política activa frente a los aspectos más negativos de la depresión.

La manifestación más elaborada fue la Teoría general. El punto principal de su análisis consiste en sostener que el problema central de la economía no es determinar cómo se establece el precio de los bienes ni tampoco la forma de distribuir los ingresos resultantes; la cuestión reside en averiguar cómo se determinan los niveles de producción y de empleo.

Cuando se produce una expansión económica, esto es, cuando aumenta la producción, el empleo, las rentas, se verifica una disminución del porcentaje de estas últimas que los agentes económicos (individuos, empresas) dedican al consumo; o sea se produce un aumento de los ahorros. Si los ingresos se atesoran y no se invierten, tendrá lugar una reducción de la demanda total de bienes y servicios y, con ello, del producto y del empleo. "Equilibrio con subdesempleo" designaba la nueva situación en la década de 1930. La teoría de Keynes atacaba la concepción neoclásica del desempleo. La contracción de la demanda incrementaría los niveles de desocupación. Tampoco podía contarse con que la reducción de las tasas de interés provocase el aumento de la inversión, pues cabía la posibilidad de que la misma contribuyera a reforzar la "preferencia por la liquidez".

Entonces, si la inversión privada no aparecía. quedaba una sola posibilidad: la intervención del Estado para elevar el nivel de la inversión y el aumento del gasto público para contribuir a recuperar la demanda.

La llamada "revolución keynesiana", puede resumirse en dos puntos principales:

1) los fenómenos económicos deben ser contemplados desde una perspectiva global;

2) el Estado ocupa un lugar significativo dentro del sistema económico.

El pensamiento keynesiano constituyó una de las bases sobre las cuales se asentó la política económica de los países occidentales.


11.5 COLECTIVIZACIÓN Y PLANIFICACIÓN EN LA UNIÓN SOVIÉTICA.

el modelo de acumulación que se implantó en la Unión Soviética a partir del afianzamiento de Stalin en el poder en 1929 implicaba priorizar el desarrollo industrial a expensas de una agricultura colectivizada que aportaría los recursos para financiar ese desarrollo por medio del accionar del Estado.

El proceso de colectivización de la agricultura se efectivizó en un período muy corto, lapso en el que se produjo el exterminio de la clase de los kulaks, integrándose los campesinos en cooperativas y granjas estatales, desapareciendo así, los propietarios individuales.

Los resultados de semejante transformación fueron muy modestos, como consecuencia de varios factores: la presión del Estado exigiendo la entrega de cantidades crecientes de productos agrarios para el consumo de la población urbana y para la exportación; la deficiente organización del trabajo; el débil grado de mecanización de la agricultura, y el impacto de la colectivización, que resultó una verdadera tragedia social con millones de víctimas.

Entre 1928 y 1914, año de la invasión alemana, a través de tres planes quinquenales sucesivos, se encaró un desarrollo industrial acelerado, en el que tenía una primacía absoluta la fabricación de medios de producción. A partir de una elevada tasa de acumulación, la inversión se canalizó hacia la producción siderúrgica, energética, metalúrgica, química y mecánica. El rápido crecimiento económico proporcionó una mayor capacidad de acumulación para ampliar el volumen de inversiones productivas. La centralización de la actividad económica por parte del Estado como estrategia para el crecimiento conduciría a la construcción de la base económica del socialismo.

Desde el punto de vista del objetivo industrializador, los resultados obtenidos a lo largo de la década fueron muy satisfactorios.

Esta expansión económica es aún más significativa si se tiene en cuenta que se verificó cuando los países capitalistas estaban sumergidos en una profunda depresión. La base fue un esfuerzo inversor que se concretó a expensa del consumo privado.

El tipo de crecimiento fue básicamente "extensivo", apuntalado en una abundante dotación de materias primas, mano de obra y recursos financieros, sin una organización que intentara mejorar la eficiencia en el uso de los factores.

Los recursos para la financiación del proceso de industrialización fueron obtenidos por medio de la presión fiscal, la emisión monetaria y de la política de precios. En la medida en que el papel del Estado era central en la gestión del conjunto de la economía, fue utilizado para generar una situación de intercambio desigual en perjuicio del sector agrícola, que reforzó la disponibilidad de fondos por parte de la industria.

En resumen: el rasgo característico de la economía de la URSS a partir de los 30 fue la conformación de un marco de gestión estatal, es decir, una estructura económica meticulosamente regulada en la cual el aparato burocrático administrativo era el responsable de dirigir, organizar y controlar el funcionamiento de las unidades económicas y sociales, que se sometían a las decisiones establecidas por el Estado.

11.6 EL IMPACTO SOCIAL DE LA CRISIS.

Las repercusiones de la crisis sobre la sociedad fueron profundas y complejas:

· El deterioro del nivel de vida hizo retornar la tendencia a la disminución de la natalidad, al tiempo que los problemas de alimentación contrbuyeron a aumentar la mortalidad.

· Se moderó el proceso de concentración urbana, afectado por situaciones contradicotiras: mientras que en algunos países como Estados Unidos los desocupados abandonaron las ciudades para retornar a sus regiones de origen, en otros continuó el éxodo de la población rural.

· La emigración se interrumpió. La causa principal residió en que los gobiernos de los países receptores impusieron restricciones a los candidatos; éstos debían poseer recursos que les permitieran vivir sin trabajar, ya que el extranjero no podía convertirse en competidor del trabajador nacional en la disputa por los escasos puestos de trabajo.

· Se produjeron en todos los países una redistribución de ingresos que acentuó las desigualdades y exacerbó los enfrentamientos entre las clases.

En principio, la deflación favoreció a los poseedores de rentas fijas y a los propietarios.

Las clases medias vivieron en general un proceso de empobrecimiento: muchos dejaron de ser productores independientes y se convirtieron en asalariados. Los empleados jerárquicos en su mayoría vieron deteriorados sus ingresos, pasando a compartir la suerte de las clases bajas.

Por su parte, los trabajadores fueron los que la pasaron peor: la depresión los golpeó tanto material como políticamente. Es que la crisis creó una nueva clase de proletarios de rango inferior: la de los desocupados. Perjudicada por la baja de los salarios nominales, pero sobre todo, quebrada por el desempleo, la clase obrera se encontró en una posición claramente desventajosa frente a la patronal.

Un párrafo aparte merece la situación del campesinado, que en todas partes se vio afectado no sólo por la drástica caída de los precios sino también por el deterioro de los términos del intercambio con los productos industriales. En algunos países los agricultores se refugiaron en la producción de subsistencia; en otros, la quema de cosechas y las migraciones internas en búsqueda de mejores oportunidades fueron los recursos utilizados para enfrentar las consecuencias de una coyuntura económica que los castigaba con saña, y no les dejaba mayores opciones.


 

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